lunes, 24 de enero de 2011

Javier, la reflexión del pensamiento

La sociedad es comúnmente conocida como un conjunto de personas que conviven bajo una misma cultura en busca de un solo fin, el progreso. O por lo menos eso pensó Javier antes de regresar a aquel lugar alegre y lleno de vida que se veía convertido en cenizas cargadas por el viento del tiempo. Recordó el lugar donde solían estar los columpios en los que su hermana pasaba largas tardes observando el atardecer desvanecerse al igual que la esperanza en su cara. Tiempos en los que su madre esperaba la llegada de su padre con una buena taza de chocolate en la mano y una frase de bienvenida que con el tiempo rayaba en el cliché, "No importa mi vida, otro día será". Aquella época ya era parte del pasado, un pasado que Javier jamás pudo sacar de su mente.

Memoria, la conciencia del ser y la incapacidad del olvido. La memoria torturaba todos los días a Javier, todas las mañanas aguardaba a que despertase al igual que las plantas aguardaban al incandescente sol que les brindaría la vida. Pero en el caso de Javier la conciencia no le daba vida, le daba desgracia y remordimiento de no haber podido actuar cuando tuvo la oportunidad porque ya no había oportunidad ni ganas de actuar. Pero no todo era tristeza en la vida de Javier, sus esperanzas, anhelos y sueños renacían al llegar la hora de dormir y descansar de esa desgastante realidad que su alma no podía soportar. El anhelo de regresar con sus padres y su hermana a aquellos tiempos de los cuales ya no existía conciencia de si hacían parte de su pasado o de sus esperanzas y sueños.

Vida, la mayoría de seres vivientes luchan y tratan de lograr su felicidad por medio de esta. Javier no, su felicidad y la lucha por esta había terminado desde que empezó. Ya para Javier no existía futuro y mucho menos uno en el que la palabra felicidad tuviese lugar alguno. Javier ahora estaba tras el descanso por medio del camino de la resignación, sin saber que este solo extendía su agonía. Una agonía del ser, el alma, la mente y el cuerpo; En búsqueda de su fiel aliado en esta guerra interna la muerte.

El morir siempre ha sido una cuestión de temor entre los seres vivientes, pero para Javier siempre fue una cuestión de complacencia y aceptación. Javier es un ser estoico ya que no puede existir más dolor del que ya hay en su vida. Pero qué culpa tiene Javier, él es solo un niño lleno de desesperanza e inexperiencia, mas todavía existe una pregunta en sí que él no ha podido responder, ¿Quién es Javier?

Nosotros como seres humanos somos los culpables de la situación en la que se encuentra Javier, ya que nosotros alimentamos esas perversas armas de sentimientos que determinan su personalidad. Haciéndolas crecer a través de los malos pensamientos en nuestra vida eterna, en la que vivimos entre castigos de hierro y alegrías de vapor. Javier es aquella persona que habita en una esquina recóndita de nuestro ser, lleno de memorias, odio, resignación y rencor esperando el día en el que llegue su muerte y así liberarse, y librarnos a nosotros de sus acciones por medio de una reflexión del pensamiento que mate ese pequeño dolor de cabeza que nos da con el malgenio en nuestra forma de ser.

J.A.I.

jueves, 20 de enero de 2011

Frecuencia América

La lluvia acida caía otra vez sobre sus campos, él sentado desde su silla meciéndose la miraba con asco esperando que el fin llegara. Mientras tanto su majestad la reina y el presidente sin rostro tomaban te por la tarde. Hablaban de temas de entonces. “Tengo más de mil cartas de gente sin expresión, todas piden que hagamos algo con la lluvia acida” decía el presidente después de tomar un sorbo de té y ver la lluvia destruir todo al caer. “Hay que culpar a los químicos, ya sabes, decir que ellos provocaron eso, más bien encarcelarlos a todos. Después cobraremos un impuesto mas para solucionar eso.” La reina se paro hizo un par de llamadas y se sentó otra vez. Al otro lado del mundo la radio avisaba que la química estaba prohibida, y que todos aquellos que alguna vez la practicaron irían a la cárcel. Y así fue, todos terminaron encarcelados, cada día volviéndose más locos.
Ya era tarde, él seguía en su silla viéndolo todo caer. Entro a su casa y cerro sus ventanas, se preparaba para mejores días. Raspo la última vasija de café que tenia y se hizo un tinto. Se sentó lo bebió sorbo por sorbo y se acordó de un amigo que siempre le decía “Yo no como, bueno como, pero muy poco en verdad, ¿y sabes por qué? Para diferenciarme en algo con mi perro.” Después se arropo en las pocas cobijas que tenía y leyó el último pedazo de periódico que le faltaba por leer.
–En días sin gloria como los de hoy, hay que saber en qué gastar nuestras fuerzas, yo por ejemplo en informarlos, los deportistas en terminar los partidos de pie, usted mientras tanto en ¿qué las gasta? Mientras por nuestras ventanas vemos caer esa lluvia envenenada, yo pienso a mi mismo que este, si este tiempo, es un tiempo para héroes. Esos que alguna vez vimos en películas, o simplemente leímos, esos que traían esperanza donde no la había. Nuestro presidente y su majestad la Reina lo único que hacen hoy en día es tomar té y ver llover. Yo sin embargo me pregunto ¿No son ellos los supuestos héroes de esta época? La respuesta siempre es la misma después de indagar por muchas horas: ¡No! Ellos son puro humo, puro nombre. Este tiempo de tierra es el tiempo para los humanos estoicos. Si para esos que superan todas las adversidades y siguen existiendo, aunque de alguna manera se podría decir que de por sí ya lo somos por sobrevivir a esta sequia, a esta hambruna y lo peor a esta ceguera que ataca a más de la mitad de nuestra población. Invito a todos aquellos que aun tienes fuerzas, a levantarse e intentar buscar la manera de reponer todo el daño que ya le hemos causado a esta tierra, o por lo menos a encontrar la manera de que nuestra raza no desaparezca de la faz del universo.-
F.M.G
La reina en su cuarto, leía un libro de esos de vanidad. Mientras tanto algunos vagabundos inventaban ideas las escribían en cartas y las mandaban al castillo. Al pasar una semana, la reina no solo tenía un saco lleno de cartas, pero también un dolor en su cuerpo. Llamo a su doctor de confianza y después de examinarla por encima le dijo “Si esto sigue como vamos, con esa lluvia toxica cayendo todos los días, tu morirás en un abrir y cerrar de ojos, no hay cura para eso, aunque algunos dicen que esa lluvia solo mata a los de alma sucia.” La reina se sentía agredida, pero en ese momento solo le importaba buscar una solución, entonces empezó a leer todas las ideas con el presidente sin cara y claro está, con una copa de té.
- Necesitamos simplemente irnos a otro plantea, así empezaremos de cero, los químicos serán liberados y en doscientos años la próxima generación se ocupara del siguiente problema.-
Todas las cartas eran una barbaridad, algunos hablaban de matar a los africanos, que ellos estaban haciendo brujerías y era por eso que llovía así. La reina después de leerlas todas con el presidente se acabo el té y dijo: espero que este no sea mi último te, es un sentimiento desolador, siento un hueco en mi alma ¿si sabes como un nudo? “Claro su majestad, pero tranquila, la plata lo puede todo y si algo tenemos usted y yo es eso.” El presidente ofreció una cantidad de dinero nunca antes oída en el planeta, la gente como loca se encerraba por días enteros en su casa tratando de descifrar algo pero al final el experto en el clima y mano derecha de la reina decía que nada de eso serviría. Muchos se preguntaban por qué el que decidía si las ideas eran buenas o malas no decía la solución de una vez, pero él no era un experto, el solo era racional.
Él siempre solía decir quela sangre corría cada vez más lenta al pasar los años y que si se era un bebedor empedernido como él lo fue la sangre se volvía espesa y se sentía cada vez delgada mientras corría por las venas. Dormía con la foto de su amada bajo la almohada, se sentía con ella de esa manera. Por las mañanas veía el sol brillar y trataba de cultivar algo para comer, después se sentaba toda la tarde viendo los días morir. El único problema que tenía en la vida era su obsesión con el café. Todas las mañana iba y miraba si tenía café en algún lado de su casa, como no encontraba iba a los campos a ver si los cultivos sobrevivieron otra lluvia furiosa del universo, y al final del día solo podía comerse los dedos y sentir que sus ojos se le cerraban con unas manchas extrañas en su vista. La ansiedad lo mataba, ya no tenía nada para leer, ya no tenía más pastillas que lo calmaran, entonces fue así como corrió a sus cultivos y maldijo al cielo como nunca nadie lo había hecho. El era un muerto en vida, tenía una cara de drogadicto que ni el mismo podía con ella. Un poco de muerte en sus ojos, flaco y tembloroso y con poco amor por la vida, a pesar de ya haber vivido 78 años.
Mas cartas llegaron al castillo, algunas se burlaban de la reina, otras como solía decir el presidente sin cara eran cartas sin rostro y otras solo decían ideas locas para tratar de ganar la plata. La reina arropada en las cobijas más caras del mundo, esas que eran traídas desde los lugares más exóticos del mundo y eran hechas en seda, estaba acostada en su cama, mientras veía las caras pasar todo el día. Algunos le llevaban comida, otros le contaban historias y el presidente le leía sus revistas de belleza. Al final del día antes de que él se fuera del castillo ella le decía: “No es justo que mis pulmones reales vomiten sangre, es como un show de terror.’ Él sin embargo le respondía: “Si quieres te muestro una foto del mañana. Pero créeme no vas a querer vivir después de eso.” Apagaba la luz y se iba caminando como si fuera muy sabio.
Ya no habían uñas, estaba tan desesperado que un día de lluvia salió a sentirla. Sentía que cada vez que le caía, un pedazo del cuerpo le ardía, después entro a su casa y removió los pedazos tóxicos que tenia con un instrumento que había en su garaje. Después de removerlos todos decidió enfrascar uno. Pasaron días enteros que el solo se sentaba a mirar la sustancia. Parecía con vida, cada día cambiaba de color y poco a poco moría. Para cuando abrió el frasco y saco la sustancia se dio cuenta que había cambiado del todo. Había pasado de liquido a semilíquido, no era toxica y tenía un color refinado. La boto, ya no tenía ningún uso, se sentó y pensó.
La reina cada día estaba peor, las lluvias no acababan parecía que el mundo por fin se iba a acabar para todos. Ella temblaba debajo de sus cobijas y por dentro le rezaba al dios en el que nunca creyó. El presidente ya nunca le hacía visita, parecía haberla olvidad, tan solo oía su voz cantando y silbando atrás de su mente.
Paso el día entero pensando, se durmió y soñó con una taza de tinto que le calmara todas sus ansias. Al siguiente día se levanto y vio la lluvia caer. Fue así como fue y agarro una gota y la enfrasco otra vez. Se metió en su cuarto cerro todas las cortinas ventas y puertas que había y empezó a analizar la sustancia. Se dio cuenta que todo estaba adentro de esta sustancia, no solo era causada por los carros y cigarrillos pero por la quema de cosas. Parecía un periodista podía cortar, pegar y remplazar con facilidad. Escribía como loco en un cuaderno que tenia y después de mucho tiempo termino de analizar y paro.
El presidente sin cara estaba sentado en el patio del castillo viendo el sol morir detrás de las montañas, cuando vio dos manchas negras detrás de un árbol. Se mantuvo alerta, prendió un cigarrillo y después vio un flash capturarlo en un instante. Le habían tomado una foto, no entendía para que, así que dejo que huyeran. Él se sentía alagado, así que fue a contarle a la reina. Cuando entro en el cuarto se sorprendió por el estado tan fatal en el que estaba ella. “¿A qué se debe tu visita, Alfredo? ¿Acaso perdiste tu esperanza y vienes a recuperarla viéndome? Porque si es así hazlo, si quieres dibújame. “No, ojala fuera eso, nada mas quería decirte que tu fama se acabo, ahora a mi es al que le toman fotos.” Cerró la puerta con violencia y se fue silbando como siempre.
Era como un cohete lo que había construido, un cohete que explotaría apenas llegara a las nubes, soltando así una sustancia hecha por metales alcalinos y unos cuantos halógenos, en verdad ni él sabía si funcionaria así que decidió escribirle a la reina.
-12 de junio de 2045
Su majestad la reina:
Después de analizar una gota caída este miércoles en mis cultivos y de hacer muchos experimentos, y que quede claro no soy químico ni nada por el estilo, he encontrado una solución. He construido un cohete que despegara el lunes 15 de junio. Dicho cohete ira hasta las nubes explotara y esparcirá una sustancia hecha con todos los metales alcalinos y unos alógenos, esto causara que el pH de la lluvia vuelva a ser el normal.
Gracias totales
Atentamente: Franz Debower.
Fue así como la envió y espero alguna respuesta. Ya habían pasado dos días y no había recibido ninguna respuesta, parecía que no le iban a responder y cada día que pasaba perdía más la cabeza y el control de su cuerpo. Ya no le daban esos ataques de ver manchas de vez en cuando como antes ahora eran muy repetitivos y además, le daban ataques de frio que no podía curar ni con la más grande de las cobijas. Ese día oyó alguien tocando en su puerta, corrió a abrir y cuando abrió lo único que pudo hacer fue arrodillarse y ver como los policías le pegaban en el cuerpo. Mientras tanto le escupían y le decían: “aquí tienes maldito químico, a ver si se te vuelve a ocurrir algún experimento.”
La reina nunca leyó la carta, nunca llego a ella. El presidente sin cara la leyó y ordeno el ataque, dijo que lo asesinaran y no dejaran rastro del experimento. Sin embargo ni lo mataron ni hicieron algo con el experimento. Entonces fue así como al siguiente día Franz se acordó de las sabias palabras del periodista y agarro el cohete, unos fósforos que tenia y salió de su casa. Espero que el cielo estuviera lleno de nubes. Cuando más negras estaban prendió el fosforo y prendió la llama del cohete. El cohete subió aprisa, no había nada que lo detuviera y en el aire se vieron unos fuegos artificiales que se esparcían por todo el lugar. La primera gota cayó sobre su pelo, la siguiente en su cara, la lluvia estaba igual que antes, igual de rica y refrescante que hace 2 años. Sin importar su edad y sus dolores dijo con la frente en alto: “Que mierda de reina.”
El presidente recibió la lluvia en la ventana como siempre, después vio como los empleados estaban bailando bajo ella, el salió y recibió las gotas en su frente. Salió corriendo al cuarto de la reina, y le grito: se ha acabado ya no llueve con veneno, por fin tenemos lluvia normal. Cuando la noche paso, la reina estaba tan bien que podía tomar té como antes y reírse de las mismas antigüedades de hace cincuenta años. Todos en el castillo se preguntaban qué había sucedido. El presidente decía que él había hecho que eso pasara con sus rezos diarios y la reina se lo creía.
Franz salió al siguiente día en un caballo, fue y compro todo el café que había en el pueblo y lo bebió como si no hubiera un mañana. Nunca nadie se entero de que fue lo que paso, Franz vivía en su casa leyendo el periódico y viendo los atardeceres con su café, nunca comento nada a nadie. Le encantaba ver la foto del presidente sin cara, era la primera y única foto que había de él.

F.B.G

martes, 18 de enero de 2011

Saludo

Hola. Este es TU blog. Aquí escribirás al menos un cuento cada ocho días, de acuerdo con una palabra clave, que servirá para inspirarte o guiar el tema de tu escrito.

La palabra clave de esta semana es: ESTOICO