Algún día dije que quería tener la armonía de la vida en una sola frase, otros días quise ser famoso, ayer simplemente quería verte de otra manera, hoy ya no se que quiero pero se que al final de cada día siempre imagino un mundo donde las cosas sean verdaderas, uno como el de platón, uno donde las cosas sean tan altas que cada vez que me vean me digan que baje al suelo para volver a empezar una civilización donde las cosas estén en total tranquilidad y la gente deje las mascaras en el piso para bailar con un rostro que nadie nunca les ha visto. Si ayer te dije que me iba, no era que me fuera de aquí, era simplemente que había mandado todos mis sentimientos de viaje, un viaje del que espero que nunca vuelvan para así ya no sufrir cada vez que veo al cielo y veo las figuras de las nubes formándose encima de un pueblo que perdió su camino.
Tuve un sueño alguna vez, soñé con una sociedad donde la gente fuera tan real que el mismo odio era por culpa de la verdad. Nade un día de verano bajo la lluvia espesa del fin del mundo, mire al sol como lo hago cada vez que necesito una respuesta a mis enigmas que nunca entiendo, y después de verme en el espejo con una imagen borrosa como mi voz, me di cuenta que todos estamos muertos. Increíble.
Volví un día de invierno, cuando las cosas estaban mas frías que mi misma alma, golpee con firmeza en la puerta esperando que abrieran la puerta de mis recuerdos. Pasaron minutos y nadie abría, cuando después de prender un cigarrillo oí el sonido inolvidable de los tacones de mi madre. “Andrés, que milagro verte por acá, cuando llegaste? Eres un ingrato por lo menos hubieras llamado para ir por ti al aeropuerto.” Las palabras completaban una frase que se me hacia recordar una y otra vez, una que entraba por mi oído ara después salir por el otro. Simplemente subí los hombros, bufe y agarre mis maletas con ira y entre de vuelta a mi vida anterior. La casa estaba como la deje, los mismos adornos, las misma armonía con la que mi madre arreglaba las cosas y la foto de mi padre colgada por una ultima puntilla que parecía estar cayéndose como su recuerdo en la memoria de la casa. Deje las maletas en mi cuarto, fui al comedor, mi mama tenia una gran cena.
–Mama, que pasa hoy? Por que hay tanta comida y la casa esta tan arreglada?-
-Hay Andresito nunca te acuerdas de las fechas, hoy es el cumpleaños de tu hermana Adelaida, viene toda la familia, hasta su esposo.-
Prendí otro cigarrillo, la mire a los ojos y me salí al patio a ver las estrellas caer sobre planetas distantes. Mi familia no era para mi lo que es una familia para otro. Yo simplemente no los consideraba mi familia. Me resigne, sabia que tenia que hacer cara de ponqué como dice mi hermana cuando es hipócrita pero necesita quedar bien con alguien, y hablar de temas de interés para ellos. Bote la colilla en una de las materas, entre saque una botella de aguardiente que tenia mi mama guardada y empecé a beber para ser igual de ficticio a ellos. Siempre quise sentir amor por ellos, y pensar que ellos sentían algún amor por mi, pero nunca creí que para lograr eso me tocara sacrificar mi alma.
-Hijo no tomes de eso, mejor toma whisky, tu sabes que a nadie le gusta el aguardiente.-
-Mama, el whisky es para los viejos, es para los que no quieren sentir la pesadez de saber que en el dia anterior tomaron para olvidar.-
-Tu tomas para olvidar?-
-No se si para olvidar, lo que se es que es para no recordar, el recuerdo es como una imagen que uno quiere olvidar pero nunca puede.-
-Andrés ya madura.-
Solté una carcajada como hacia mucho no lo hacia, me sentía mareado, un poco ebrio, sin embargo la nostalgia de haber dejado una ciudad tan increíble como buenos Aires para regresar a mi queridísima Bogotá me hacia sentir una silueta sin cuerpo, sin alma y con alcohol en las venas. Empezo a llegar mi familia, yo los veía como fotos del pasado que venia hacia mi para preguntarme cosas de mi presente.
-Andrés, volvió? Que bueno, no sabe lo que me alegra.- dijo mi tia Valeria con un vinito como ella decía en la mano.
-Pues claro que volví acaso no me ves?-
-Mejor ni le pregunto por que, usted siempre ha sido tan misterioso. Una familia de gente normal, de bien y usted, un alma en pena que anda por el mundo buscando cosas que ni siquiera usted conoce.-
-Si supiera que busco, no lo buscaría.- Dije con franqueza en la garganta. Me serví un guaro, como le decía cuando era mas joven y lo alcé como si las cosas estuvieran bien.
Toda mi familia llego, mi hermana anduvo como siempre con su cara de ponqué, yo la felicite, nunca entendí por que toca felicitar a alguien por su cumpleaños, si en verdad uno debería decirle mi mas sentido pésame por el peor día del a;o. El cumpleaños además de ser un invento mas de esta sociedad para vendernos cosas, es el día mas petrificante para un ser humano, es un día de esos que toca actuar como si fuera especial cuando en realidad no tuvimos la oportunidad de elegir cumplir a;os. Las cosas son así, desde hace mucho tiempo, siempre oí por voces extrañas que uno tiene elección en la vida, que hay opciones, pero yo llegue a la conclusión de que si las hay, hay una maldita voz ajena que decide por uno. Pase del aguardiente al Vodka, y al final de la noche estaba tan borracho que el mundo me daba vueltas, podía sentir mi corazón palpitar mientras mi madre hablaba de mi.
¡Estupendoooo! Muy buenas metáforas. ¿Lo vas a continuar? ¿Porfa? ¿Porfavorcito?
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