Hay veces en las que me gustaría perderme dentro de las historias que leo.
Ojala pudiera botarme desde lo alto de un edificio de la mano de Oliveira o simplemente perderme en los suburbios de Buenos Aires junto Juan Pablo Castel. Lo cierto aquí es que la realidad es mi agonía y la literatura aquella pequeña inyección de morfina que me permite sobrellevar el dolor que es el día a día.
¿Que sería de los seres humanos sin literatura?
Acaso hubiéramos sido capaces de llegar al desarrollo tecnológico que tenemos hoy en día, donde hasta a la hora de cagar ya existen inodoros que incluyen 20 opciones de entretenimiento pero en los que da pena realizar el acto para el que fueron diseñados, de no haber sido por las ideas plasmadas de pensadores como Verne o Asimov. O hubiera sido posible recrear aventuras por medio de obras de teatro, tal como la que este año se presentó en nuestro colegio, de no haber sido por las mentes y manos de soñadores como García Márquez o Sartre.
No hay nada que odie más que un libro de economía donde no hay escapatoria de la realidad y por el contrario, nos pintan una peor de la ya existente diciéndonos el modelo que se debe aplicar en el estado. Sin importar que todos estén destinados al fracaso. Un libro de política dice lo mismo que uno de economía solamente que se cambian los números con doctrinas y principios inventados, donde da la impresión que un cuadro de Dalí se queda en pañales y es simplemente una fotografía realista en dentro de todo el surrealismo de estas doctrinas, impuestas por medio de un puntillismo de mentiras.
Por esto yo siempre he creído que la literatura esto todo aquello que nos hace sentir vivos, lo que percibimos y lo que no. La trayectoria de un mosquito o el baile de un borracho, lo que importa no es el hecho sino la forma en la que es plasmado. Todo gran filosofo tiene su cuota de plagio, al igual que todo pequeño soñador tiene su cuota de grandeza.
Escribo porque me quiero sentir vivo y perderme en las historias que leo y escribo. No quiero volver a la realidad que nos aqueja y tan solo nos llena de tragedias, decepciones y malos momentos. Quiero meter mi corazón dentro de un túnel de soledad den donde un derrumbe lo selle por ambos lados, del cual mi imaginación y racionamiento hayan sido los causantes del siniestro, curiosa palabra suena como a accesorio de carro ¿No les parece?
Me he dado cuenta que escribir no es una profesión, es simplemente una manera de vivir. Agradezco a dios ser ateo y el permitirme escribir lo que pienso e imaginar lo que escribo. Y el día en el que no pueda continuar escribiendo me pondré a estudiar economía o inventarme alguna doctrina de filosofía, y entonces sabré que he muerto.
martes, 24 de mayo de 2011
Desesperación
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excelente.
ResponderEliminarWOW. Estupendo.
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